Hay que reconocer el acierto del Gobierno al pedir que un “Relator” de la ONU observe y estudie uno de los aspectos que más preocupa en estos momentos al pueblo ecuatoriano, la inseguridad, sus principales causas y proyecciones, a fin de enfrentarlo de inmediato con medidas que den alguna posibilidad de reprimirlo.
El Relator, un personaje especializado en análisis de estos difíciles fenómenos, que no son específicamente ecuatorianos, ha presentado su informe, que constituye una radiografía de la realidad: los homicidios se han duplicado en los últimos 15 años y es sabido que ellos han adquirido una novísima y perversa forma, la del llamado sicariato, el factor de mayor inseguridad, que se manifiesta en asaltos, venganzas, lucha por intereses inconfesables. Esto lo atribuye el Relator, “a la ineficacia del sistema de justicia, en especial del trabajo policial y de la Fiscalía que propician una impunidad asombrosamente alta”.
El Comandante General de la Policía, naturalmente, dio una respuesta. Fue medida y preocupada. La Dra. María Paula Romo, presidenta de la Comisión de Justicia de la Asamblea, se refirió en forma valiente y honrada a las conclusiones del Informe. Pero el Fiscal General, adoptó poses displicentes y utilizó palabras violentas que se fueron por las ramas. Sin embargo, este funcionario no puede refutar el contenido del Informe, porque las maniobras que se hicieron -con apoyo del Presidente de la República- para no permitir que acuda a la Asamblea a dar cuenta de sus actos conforme lo permite la ley y lo exigía la ciudadanía, fueron la demostración más dramática de la descomposición institucional del país. Las acusaciones se hicieron de parte y parte, entre un grupo de asambleístas afectos al Gobierno y el propio Fiscal (quien espera ser reelecto), no tuvieron límite ni medida. Se habló de chantajes, abusos, interferencia en la justicia, logrerismos repudiables, adulaciones vergonzosas e hipocresías. El registro de lo que entonces sucedió y se dijo quedará en la historia de la “teratología política”; para vergüenza de los ecuatorianos, todo lo cual terminó en una de las más asombrosas impunidades, que es precisamente lo que admira y preocupa al Relator, cuyo Informe reposará en los archivos de la ONU, como prueba documental de nuestra triste realidad.
Antes de terminar, una acotación: el sicariato no es problema planetario, es una forma de criminalidad característica de esta región. Nació y se perfeccionó en Colombia bajo la influencia del narcotráfico, y ahora está contagiando a nuestro país.